lunes, 2 de febrero de 2026

Sarampión... ¿una epidemia olvidada?

En estos días hemos conocido la noticia de que la Organización Mundial de la Salud ha excluido a España de la lista de los países que se consideraban libres de sarampión. Nuestro país logró ese estatus en 2016 y hasta ahora la situación se fue ratificando año tras año; y ello a pesar de que en los años anteriores a la pandemia, entre 2017 y 2019, hubiese un repunte en el número de casos (157, 223 y 287 respectivamente). En 2024 se confirmaron 227 casos, cifra que se elevó el año pasado a los 397 casos; la mayor parte de estos casos se produjo en personas no vacunadas o con pautas incompletas.

El sarampión es una enfermedad vírica, altamente contagiosa. que tuvo una alta prevalencia en las primeras décadas del siglo XX. A ella dedicábamos un estudio en el último número de la revista Pasaje a la Ciencia. Advertíamos que, dado que mayoritariamente afectaba a los niños, no tenía la repercusión suficiente como sucedió con las grandes pandemias de cólera del siglo XIX o la gripe de 1918. De ahí la referencia en el título de nuestro artículo a lo que llamábamos las epidemias olvidadas. Sin embargo afectó de una manera recurrente a la población alcalaína provocando un número importante de fallecimientos, llegando a justificar algunas crisis de mortalidad.

Entre 1900 y 1930 se han detectado seis crisis de mortalidad en Alcalá la Real: en 1901, 1906, 1910, 1917, 1918 y 1920. De ellas, salvo la crisis causada por la mal llamada gripe española de 1918, todas fueron menores. y a la mayoría de ellas contribuyó el sarampión. En 1906 se registraron 62 muertes por esta enfermedad, 51 en 1910 y 12 en 1913. Sin llegar a constituir años críticos, en 1913 se registraron 10 fallecimientos y en 1914, 32 decesos. En total, en esos treinta años hubo 160 muertes debidas a esa enfermedad. Estos datos se pueden ver gráficamente en la figura de abajo.

Fallecimientos por sarampión entre 1900 y 1930 en Alcalá la Real.

 Los niños eran los más afectados, mayormente entre el primer y el tercer año de vida. Encontramos 32 fallecidos con menos de un año, de los que 12 murieron en los primeros seis meses y el resto entre los seis y los doce. La mortalidad de redujo de modo notable a partir de los cinco años, aunque también observamos algunos fallecimientos en adultos, con tres casos entre los 20 y los 30 años. Era una enfermedad con un marcado carácter estacional que presentaba máximos en los meses de julio y agosto y mínimos en los meses invernales.

 

Distribución de las edades en los fallecimientos causados por el sarampión.

Distribución estacional de los fallecimientos por sarampión. 


 Una característica importante observada tanto en Alcalá la Real como en otras poblaciones estudiadas es la aparición cíclica de brotes de sarampión separados por un determinado número de años, que suele oscilar entre 4 y 8 años. Para que el sarampión se extienda en una población tiene que haber un determinado número de personas que sean susceptibles al virus. Este es altamente contagioso y, en una población, la mayoría de los individuos quedarían expuestos al mismo ante un brote. Aquellos sin inmunidad previa y, por tanto, sensibles a la enfermedad tenían dos posibilidades tras contagiarse: fallecer o sobrevivir, en este caso desarrollando inmunidad frente al virus. El nuevo brote venía pasados unos años cuando los nacimientos acumulaban un número suficiente de niños no inmunizados como para desencadenar el contagio masivo.

En nuestras poblaciones, la incidencia del sarampión comenzó a decrecer tras las primeras décadas del siglo XX, debido a la mejora paulatina de las condiciones higiénicas y sanitarias, de la nutrición y de los avances que, como los antibiíóticos permitían tratar las sobreinfecciones bacterianas asociadas al virus. El avance más decisivo llegó en 1963 con la introducción de la vacuna. En los años previos se estima que había unos diez millones de casos en todo el mundo con más de dos millones de muertos. En España, la vacunación masiva comenzó  en 1978 y sus frutos se vieron, llegando a conseguir el estatus de país libre de sarampión, como decimos al comienzo. Hoy las circunstancias han cambiado y la falta de vacunación, bien en personas provenientes de países con políticas sanitarias inadecuadas o bien en colectivos antivacunas, ha desatado las alarmas. Y la historia nos enseña que el sarampión solo espera pacientemente a que en una población haya una número suficiente de individuos susceptibles para causar una nueva epidemia.

Referencias: 

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